domingo, 19 de mayo de 2013

Jorge Teillier - Algunos Poemas


por Josefina Herrera Arellano (Notas) el viernes, 17 de febrero de 2012 a la(s) 9:02

Entre toda la literatura chilena encontramos ciertos personajes llenos de luz. Quizás nunca tan conocido como Neruda o Mistral, Teillier forma parte de nuestra literatura nacional. Perteneciente a la Generación del '50, este escritor se caracteriza por sus poemas centrados en los paisajes del sur de Chile, en una melancolía ante el recuerdo.  Se nos muestra como un exiliado que no puede volver a ese espacio deseado, ya que éste no existe; existe sólo en su recuerdo. En la realidad este espacio está acabado.  Sólo persiste en el sueño, el recuerdo y la memoria.
Aquí los dejo con algunos de sus poemas, mis favoritos.

ENJOY!


BOTELLA AL MAR
Y tú quieres oír, tú quieres entender.
Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para tí, ni para mí, ni para los iniciados.
Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera
y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.

PEQUEÑA CONFESIÓN

Sí, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca debiera haber dejado
El país de techos de zinc y cercos de madera.

En medio del camino de la vidaVago por las afueras del pueblo
Y ni siquiera aquí se oyen las carretas
Cuya música he amado desde niño.

Desperté con ganas de hacer un testamento
—ese deseo que le viene a todo el mundo—
Pero preferí mirar una pistola
La única amiga que no nos abandona.

Todo lo que se diga de mí es verdadero
Y la verdad es que no me importa mucho.
Me importa soñar con caminos de barro
Y gastar mis codos en todos los mesones.

“Es mejor morir de vino que de tedio”
Sin pensar que pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano
Cuando se gastan los codos en todos los mesones.

Tal vez nunca debí salir del pueblo
Donde cualquiera puede ser mi amigo.
Donde crecen mis iniciales grabadas
En el árbol de la tumba de mi hermana.

El aire de la mañana es siempre nuevo
Y lo saludo como a un viejo conocido,
Pero aunque sea un boxeador golpeado
Voy a dar mis últimas peleas.

Y con el orgullo de siempre
Digo que las amadas pueden ir de mano en mano
Pues siempre fue mío el primer vino que ofrecieron
Y yo gasto mis codos en todos los mesones.

Como de costumbre volveré a la ciudad
Escuchando un perdido rechinar de carretas
Y soñaré techos de zinc y cercos de madera
Mientras gasto mis codos en todos los mesones.

LUNA DE PAPEL

Tú no sabes quién era Rudy Vallee
(por lo menos eso creo yo)
pero me gusta escucharlo
y también me gustaría escucharlo junto a ti.
Hay tantas cosas que nos unen:
Las tres B
que no son Bach, Beethoven y Brahmns
sino un restaurant de Lautaro
o Ercilla (Bueno, bonito y barato)
donde fuiste la reina de las cerezas.
Te gustan los hermosos barrios
donde las dueñas de casa
conversan en sillas de mimbre en las calles
donde atardece
entre gritos de niños y bocinas de micros.
Te gusta la gruta de Lourdes (que su párroco
nos perdone)
el cognac Napoleón en la guantera del auto
y por eso,
mi gata rubia
te envío una traducción
de una canción
que hace tantos años está cantando para
nosotros Rudy Vallee:
Sólo es una luna de papel
brillando sobre un mar de cartón
pero no sería una mentira
si creyeras en mí.
Este es un mundo de Empresarios de Circo
donde todo lo desechable se puede conseguir,
pero no sería una luna de papel,
si creyeras en mí.

Si no me quieres
todo es un desfile de Miss Chile.
Si no me quieres
todo es una melodía ridícula
tocada en un Sábado Gigante.

Sólo quiero una luna de papel
una luna de mentiras
que sería de verdad
si creyeras en mí.

CUANDO TODOS SE VAYAN

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.

Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos amigos de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sis prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.




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